Ayer viajamos al futuro. Unas 80 vecinas y vecinos de Valldemossa se reunieron en Costa Nord para imaginar juntos cómo quieren que sea su pueblo en 2036. No para quejarse de lo que va mal, sino para describir con detalle lo que quieren ver. La sesión, organizada por fundament junto a Valldemossa Viva, es el primer paso de un proceso de visión comunitaria que da a las personas métodos y herramientas para co-crear su propio futuro.
Valldemossa, un pueblo bajo la presión del turismo de masas
Valldemossa es uno de los lugares más visitados de Mallorca. Esa visibilidad tiene un precio que los vecinos conocen bien: autobuses y coches que colapsan el acceso, calles que en temporada alta pertenecen más al visitante que al residente, y una economía que depende cada vez más de un solo sector.
Los efectos van más allá de la masificación. La vivienda se ha vuelto inaccesible para muchas familias y para los jóvenes que quieren quedarse. El agua es un recurso limitado en una isla que recibe millones de visitantes. Y con la gentrificación llega una pregunta más difícil de medir: qué queda de la identidad de un pueblo cuando quienes lo habitan ya no pueden permitirse vivir en él.
Ninguna persona ni ningún negocio creó este modelo por sí solo. Es el resultado de décadas de decisiones e incentivos acumulados. Pero eso también significa que el cambio puede empezar en cualquier punto del sistema, y que la comunidad tiene un papel en él.
Siete años en el cajón
En fundament teníamos este proyecto diseñado desde hace siete años. La idea era sencilla: si los vecinos pudieran imaginar juntos el pueblo que quieren, tendrían una base común desde la que tomar decisiones, más allá de siglas y posiciones.
Lo que faltaba no era el método, sino el vínculo con el pueblo. Un proceso así necesita confianza local, alguien que convoque y que la gente reconozca como propio. Eso es lo que ha aportado Valldemossa Viva, la agrupación vecinal con la que hemos empujado esta iniciativa. Gracias a esa colaboración, el proyecto ha salido del cajón y ha llenado una sala.
El futuro que queremos, no el que queremos evitar
La mayoría de debates sobre turismo empiezan por el problema: menos coches, menos alquiler turístico, menos masificación. Son necesarios, pero tienen un límite. Cuando una comunidad solo sabe lo que no quiere, discute sobre culpables y se polariza.



Por eso partimos del otro lado. Nos inspiramos en el trabajo de Rob Hopkins y la Transition Network sobre imaginación colectiva, con una regla simple: primero los vecinos definen el destino, después las personas expertas ayudan a trazar el camino. Imaginar un futuro deseable no es ingenuo. Es lo que permite que personas que piensan distinto descubran que, en lo esencial, quieren cosas parecidas.
Cómo funcionó el taller de visión comunitaria
La tarde se organizó en cuatro momentos, pensados para que nadie necesitara experiencia previa en procesos participativos.
- Viaje a 2036. Con una visualización guiada, cada persona recorrió mentalmente el pueblo dentro de diez años: qué se oye en la plaza, quién vive en las casas, cómo se llega al pueblo. Primero se escribe en silencio, después se comparte en parejas.
- La Galería del Futuro. Las visiones se colgaron en las paredes y todos las recorrieron, leyendo las ideas de los demás y sumando las propias.
- ¿Y si…? Cada participante eligió una imagen de la galería y la convirtió en una pregunta abierta. «¿Y si limitamos el número de visitantes y coches?». «¿Y si el alquiler turístico tuviera límites para que una familia o un joven del pueblo pudiera pagar un alquiler?».
- Ordenar y priorizar. En grupos, las ideas se agruparon por temas, como vida social, cultura y cuidados. Con pegatinas, cada persona marcó las que más le importaban.
Entre las frases que quedaron en la pared, una resume el espíritu de la tarde: «Un pueblo enfocado al pueblo, no al turista».
Herramientas que se quedan en el pueblo
El objetivo no era solo recoger ideas, sino que los participantes se llevaran formas de pensar el futuro que puedan usar por su cuenta.
- Imaginar antes de analizar. Empezar por lo sensorial y lo emocional abre la conversación a quien no se siente experto.
- Preguntar en lugar de afirmar. El formato «¿Y si…?» convierte una queja en una posibilidad y deja espacio para que otros la mejoren.
- Escribir antes de hablar. El silencio individual antes del diálogo evita que las voces más fuertes marquen el tono.
- Hacer visible lo común. Agrupar y votar en la pared muestra los acuerdos de forma que todos pueden ver.
Son herramientas sencillas, pero cambian quién participa y cómo se habla. En un contexto tan polarizado como el turismo en Mallorca, eso ya es un resultado.
Y ahora, el camino
La sesión de Costa Nord es el principio. Los próximos pasos son tres:
- Síntesis. Agrupar todo lo que salió en declaraciones de visión por temas.
- Validación. Devolver ese material a los participantes para que confirmen que se reconocen en él.
- Backcasting. Poner la visión de los vecinos frente a un panel de personas expertas para trazar, desde 2036 hacia atrás, qué hay que hacer hoy para llegar.
Gracias a todas las personas que vinieron a imaginar, y a Valldemossa Viva por hacerlo posible.
Si quieres aplicar estas herramientas en tu municipio u organización, en nuestra formación en diseño de futuros y foresight colectivo trabajamos estos métodos paso a paso.
Siete años después, el proyecto ya no está en el cajón. Está en manos del pueblo.
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