El modelo turístico extractivo y sus límites en Baleares

Cómo pasar de un modelo extractivo a uno regenerativo

Durante décadas, el turismo ha sido presentado como una historia de éxito incuestionable para España. Y en muchos aspectos lo ha sido. Ha generado empleo, ha abierto territorios al mundo y ha sostenido economías regionales enteras. Pero hoy, especialmente en Baleares, ese relato ya no se sostiene sin matices. El modelo que nos trajo hasta aquí muestra señales claras de agotamiento.

Conviene aclarar algo importante: el modelo turístico actual no es el resultado de un diseño consciente. Es el resultado de décadas de adaptación a una lógica económica extractiva, donde cada oportunidad se aprovechaba, cada límite se desplazaba y cada vacío se rellenaba mientras hubiera margen de beneficio.

Durante años, el crecimiento fue el indicador principal de éxito. Más turistas, más vuelos, más camas, más ingresos.

¿Por qué medimos el éxito en número de visitantes cuando sabemos que la capacidad de carga tiene límites físicos?

¿Por qué seguimos diseñando experiencias que extraen valor del territorio sin reponerlo?

¿Por qué aceptamos que el beneficio económico pueda separarse del bienestar social y la salud ambiental? Pero este enfoque, claramente extractivo, ignora una pregunta clave: ¿a qué coste y para quién? Cuando los beneficios se concentran y los impactos se socializan, el sistema pierde legitimidad. Y cuando pierde legitimidad social, pierde también viabilidad a largo plazo.

Precisamente por eso, el verdadero reto que tenemos ahora no es optimizar lo existente, sino empezar a diseñar de verdad. Diseñar con intención. Diseñar con límites. Diseñar pensando en regenerar el valor de los destinos, no solo en explotarlos mientras aguanten.

Los próximos cinco años serán decisivos. No hablamos de ajustes cosméticos ni de campañas de sostenibilidad. Hablamos de una transformación profunda del modelo turístico. De pasar de una lógica de extracción de valor a una lógica de regeneración de los destinos.

Aquí aparece una oportunidad que el sector no debería ignorar. La regeneración no es una amenaza económica. Es una estrategia de futuro. Regenerar significa mejorar activamente los ecosistemas, fortalecer el tejido social y redistribuir mejor el valor generado. Significa medir lo que importa, no solo lo que es fácil de contar. Bienestar residente, salud ecológica, calidad de la experiencia, resiliencia climática.

La innovación juega un papel central en este cambio. Pero no como fetiche tecnológico. Innovación en gobernanza, incorporando de verdad a la comunidad local en la toma de decisiones. Innovación en datos, para gestionar límites, anticipar flujos y tomar decisiones basadas en impactos reales. Innovación en producto, para reducir la presión del volumen y apostar por experiencias de mayor valor social y ambiental.

Baleares ya está funcionando, en muchos sentidos, como un laboratorio.

Trabajo desde hace décadas en diseño de servicios, productos y estrategia, acompañando a organizaciones complejas en procesos de cambio, transformación y toma de decisiones en contextos de alta incertidumbre. Además de presidir Fundament, desarrollo mi práctica profesional en sectores como banca, movilidad, retail y turismo, siempre trabajando con sistemas reales, personas reales y decisiones que tienen impacto territorial. Existen proyectos, conocimiento acumulado y una red de actores públicos, privados y sociales que entienden la urgencia del momento. Lo que falta no es diagnóstico, sino valentía estratégica para alinear intereses y aceptar que crecer sin límites en un territorio finito es una ficción peligrosa.

Este mensaje no va dirigido solo a las administraciones. Va especialmente dirigido a la industria turística.

Las grandes empresas turísticas que han nacido y crecido en el ecosistema balear tienen hoy una oportunidad histórica. No solo porque conocen mejor que nadie los límites de los destinos insulares, sino porque operan globalmente. Trabajan en Baleares, Caribe y en muchos otros territorios del mundo donde los efectos del turismo intensivo aún no son tan visibles como aquí, pero avanzan claramente en la misma dirección.

Pensar el futuro del turismo desde Baleares no es una desventaja. Es una posición de liderazgo. Las decisiones que se tomen aquí pueden anticipar problemas que otros destinos aún no perciben y definir modelos replicables antes de que el conflicto estalle. En un mundo donde cada vez más personas tienen capacidad de viajar y explorar nuevos destinos, la pregunta estratégica es simple: ¿cómo cuidamos los lugares que hacen posible el turismo?

Si los destinos se degradan, se pierden. Y con ellos, el propio negocio. Regenerar no es solo proteger Mallorca o Baleares. Es asegurar que el turismo siga siendo viable en cualquier parte del mundo donde hoy se está repitiendo el mismo patrón de presión creciente sobre territorios finitos.

Explorar qué es realmente el turismo del futuro, cómo operar con límites y cómo trabajar con los destinos, no solo en ellos, es el gran reto estratégico del sector. A grandes operadores, cadenas hoteleras, grupos de inversión y actores que tienen una enorme capacidad de influencia. El futuro del sector pasa por anticiparse, no por resistirse. Por liderar la transición, no por reaccionar tarde.

Explorar escenarios, redefinir indicadores de éxito, repensar el papel del turismo en la sociedad y asumir corresponsabilidad territorial no es activismo. Es estrategia. Y es, cada vez más, una cuestión de supervivencia empresarial.

España tiene la oportunidad de marcar el camino en Europa. Baleares puede demostrar que es posible pasar de un modelo agotado a uno regenerativo, donde el turismo deje de ser una fuente de conflicto y vuelva a ser un proyecto compartido.

Aquí está la verdad incómoda: los destinos que no inicien esta transformación perderán atractivo, legitimidad social y competitividad. Se enfrentarán a resistencia social organizada, regulaciones cada vez más duras y a un deterioro acelerado de aquello que los hacía valiosos.

En las transiciones sistémicas no existe una posición neutral. Las empresas turísticas pueden ser parte del problema o parte de la solución.

El turismo regenerativo no es una utopía. Es el único modelo viable a largo plazo para destinos que ya han alcanzado sus límites de capacidad de carga. Los próximos cinco años son la ventana para construirlo.

La pregunta ya no es si debemos cambiar el modelo.
La pregunta es quién tendrá la visión estratégica para liderarlo.

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