El efecto social de la falta de atención provocado por el móvil y los algoritmos

La BBC entrevistó recientemente a Joss Fong, periodista, sobre una pregunta que cada vez más gente se hace: ¿nos está pudriendo el cerebro el scroll infinito? El término que se usa es «brain rot», pudrición cerebral. Con él la gente suele referirse a dos cosas a la vez: el contenido de baja calidad que domina los feeds algorítmicos de vídeo corto, y el efecto que ese contenido tiene sobre nuestra mente.

La investigación todavía es escasa. La mayoría de estudios son correlacionales: muestran que las personas que dicen consumir mucho contenido de este tipo también presentan más dificultades cognitivas. Pero eso no prueba causalidad. Podría ser al revés: quien ya tiene dificultad para concentrarse encuentra más difícil apartar la vista del feed.

Hay, sin embargo, algunos estudios experimentales. Se hace un test cognitivo, se expone a los participantes a ver TikTok, Twitter o YouTube durante diez o treinta minutos, y se repite el test. Los resultados muestran que el vídeo corto afecta, incluso tras una exposición breve, a dos capacidades concretas: la de pausar y pensar de forma crítica sobre lo que se está viendo, y la de recordar hacer algo que se tenía intención de hacer.

Un dato interesante: no es la duración corta del contenido lo que causa el efecto. Es la interacción de deslizar. Cuando a los participantes se les muestran los mismos vídeos pero unidos en un montaje, sin que ellos decidan cuándo pasar al siguiente, el efecto desaparece. Es el gesto de decidir en un segundo si algo merece la pena o no lo que empuja al cerebro hacia un estado menos reflexivo y más compulsivo.

Sobre si el daño es permanente, la respuesta honesta es que no hay evidencia todavía en ningún sentido. Lo que sí es constante es la sensación de arrepentimiento: la gente recuerda poco de lo que ha visto y desearía haber pasado ese tiempo de otra forma.

Fong usa una imagen útil: el teléfono es como un mono tocando una trompeta. Si no consigues concentrarte en un libro, pregúntate si el mono está en la habitación contigo. La mayoría de las veces, la dificultad para prestar atención no es un fallo interno, es que hay un mono con trompeta al lado. Aléjalo unos días y la atención suele volver.

Por qué nos importa esto en Fundament

En Fundament investigamos y trabajamos para aliviar la convivencia, entre personas y entre las personas y el mundo que habitan. Esa convivencia se construye con un recurso muy concreto: la atención sostenida hacia quien tenemos delante. Escuchar a un vecino, entender a alguien distinto a nosotros, notar lo que le pasa a un lugar o a una comunidad, todo eso requiere la misma capacidad que la ciencia empieza a documentar como debilitada: la de pausar, pensar con calma y no reaccionar de forma automática.

Si esa capacidad se erosiona en el móvil, es razonable pensar que también se erosiona fuera de él, en la conversación con el vecino, en la paciencia para entender a quien piensa distinto, en la atención al entorno que compartimos. La convivencia no se rompe de golpe. Se rompe cuando dejamos de tener la atención necesaria para sostenerla.

No hace falta esperar a que la ciencia lo confirme del todo para hacernos la pregunta que se hace Fong: ¿cómo estamos usando el tiempo que dedicamos a mirar una pantalla, y qué le estamos restando a la atención que le debemos a quienes nos rodean?

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